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Un estudio revela que quienes tardan más en alcanzar la fase REM del sueño presentan mayores niveles de proteínas tóxicas asociadas con el Alzheimer. Detectar y tratar estas alteraciones a tiempo podría ayudar a reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad.
Investigaciones recientes indican que tanto la calidad como la duración del sueño pueden influir en la probabilidad de desarrollar la enfermedad de Alzheimer. Un nuevo estudio sugiere que un retraso prolongado en alcanzar la fase de movimiento ocular rápido (REM) podría ser un indicador temprano de la enfermedad. El sueño REM sigue a tres fases de sueño no REM que se vuelven progresivamente más profundas, tardando al menos 90 minutos en completarse dependiendo de la edad. En general, las personas mayores requieren más tiempo para entrar en la fase REM. Además, desempeña un papel fundamental en el procesamiento de la memoria, especialmente para experiencias emocionalmente significativas. Un retraso en alcanzar esta fase interfiere con la consolidación de la memoria, afectando el aprendizaje y el recuerdo. Un sueño REM insuficiente o tardío también puede aumentar los niveles de cortisol, lo que a su vez puede dañar el hipocampo, una estructura clave para la formación de la memoria.

Ahora, nuevos datos indican que las alteraciones en el sueño REM podrían ser una señal temprana de un futuro desarrollo de demencia. El estudio publicado en Alzheimer’s & Dementia: The Journal of the Alzheimer’s Association analizó a 128 personas con una edad promedio de 70 años en el Hospital de la Amistad China-Japón en Pekín. Los participantes incluían personas con Alzheimer, individuos con deterioro cognitivo leve (un precursor frecuente de la enfermedad) y personas con función cognitiva normal. Durante el estudio del sueño realizado durante la noche, los investigadores midieron la actividad cerebral, el movimiento ocular, la frecuencia cardíaca y los patrones de respiración de los participantes. Luego, los clasificaron en dos grupos: aquellos que alcanzaron el sueño REM temprano (en menos de 98 minutos tras quedarse dormidos) y aquellos que experimentaron un retraso significativo (más de 193 minutos para llegar al REM).


Los hallazgos revelaron que las personas con Alzheimer tenían más probabilidades de presentar un sueño REM tardío. Además, mostraban mayores concentraciones de proteínas amiloide y tau, dos compuestos tóxicos asociados con la enfermedad. Específicamente, quienes tenían un sueño REM tardío presentaban un 16% más de amiloide y un 29% más de tau en comparación con el grupo de REM temprano. Asimismo, sus niveles de factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína beneficiosa que disminuye en el Alzheimer, eran un 39% más bajos. Para reducir el riesgo de Alzheimer, se recomienda mantener hábitos de sueño saludables que favorezcan el sueño REM, como tratar la apnea del sueño, moderar el consumo de alcohol y consultar a un médico sobre medicamentos que puedan alterar los ciclos de sueño.
Investigaciones sugieren que la melatonina puede mejorar el sueño REM y reducir la acumulación de amiloide y tau en estudios con animales. De manera similar, ciertos medicamentos para el insomnio que favorecen el sueño REM han demostrado disminuir la acumulación de proteínas dañinas. Abordar las alteraciones del sueño de manera temprana podría ofrecer a los médicos una oportunidad para mitigar los procesos neurodegenerativos subyacentes al Alzheimer y brindar esperanza a las poblaciones en riesgo.
Fuentes