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Investigadores del Jackson Laboratory han demostrado que la retina refleja alteraciones cerebrales vinculadas a la mutación genética MTHFR677C>T. Exámenes oculares rutinarios podrían convertirse en una herramienta clave para la detección temprana y la prevención de Alzheimer, mientras hábitos de vida saludables ayudan a mitigar riesgos incluso en personas genéticamente predispuestas.
Nuestros ojos podrían convertirse en una ventana para anticipar el riesgo de Alzheimer y otras formas de demencia hasta veinte años antes de que los primeros síntomas aparezcan. Investigadores del Jackson Laboratory en Maine, Estados Unidos, han demostrado en estudios con ratones que cambios sutiles en los pequeños vasos sanguíneos de la retina reflejan alteraciones similares en el cerebro, asociadas con deterioro cognitivo y riesgo genético de la enfermedad.
El experimento se centró en ratones portadores de la mutación genética MTHFR677C>T, presente en hasta un 40% de la población humana, que afecta la estructura y el flujo de los vasos sanguíneos. En estos animales, se observaron arterias estrechas, torcidas o con menor ramificación, cambios que reflejan deficiencias de flujo sanguíneo en el cerebro y aumentan la vulnerabilidad cognitiva.
Estos cambios no son solo señales locales en la retina, sino que reflejan problemas sistémicos que podrían involucrar la presión arterial y la circulación general. La retina se considera una extensión accesible del cerebro, por lo que los exámenes oculares de rutina podrían convertirse en herramientas de diagnóstico temprano, permitiendo intervenir antes de que la memoria y la capacidad de razonamiento se vean comprometidas.
Estudios previos, aunque de menor escala, también habían sugerido que escaneos oculares podían seguir el deterioro cognitivo, un precursor de la demencia, pero los ensayos eran limitados y aún se requiere más investigación para confirmar de manera definitiva la relación entre los vasos retinianos y el Alzheimer en humanos.
Además, los hallazgos muestran que la salud vascular y la genética no determinan el destino por completo. Factores de estilo de vida, como la dieta mediterránea, pueden contribuir a reparar tejido cerebral y mejorar el metabolismo energético, mitigando riesgos incluso en personas portadoras de genes de alto riesgo. La enfermedad de Alzheimer, que representa entre el 60% y el 70% de los casos de demencia, afecta hoy a más de 55 millones de personas en el mundo, y se espera que esta cifra casi se duplique cada 20 años, alcanzando los 139 millones en 2050. En 2021, la demencia fue responsable de aproximadamente 1.8 millones de muertes a nivel global, lo que la sitúa entre las principales causas de mortalidad.
Aunque todavía se requieren más estudios para trasladar estos hallazgos de ratones a humanos y confirmar la relación directa entre los cambios retinales y la demencia, la investigación abre la puerta a una nueva estrategia de prevención y detección temprana. Para millones de personas, esto podría significar décadas de anticipación frente a una enfermedad que hoy representa un desafío creciente para la salud pública.
Fuentes