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Investigadores de universidades en Texas probaron una innovadora técnica en pacientes con trastorno de estrés postraumático (PTSD) que no respondían a tratamientos convencionales. El enfoque une tecnología médica y psicoterapia para reconfigurar las respuestas emocionales del cerebro. Tras 12 sesiones, todos los participantes dejaron de cumplir con los criterios diagnósticos de PTSD, abriendo un prometedor camino para la recuperación definitiva de esta condición crónica.
Investigadores de la Universidad de Texas en Dallas y del Centro Médico de la Universidad Baylor han desarrollado un método que ha permitido eliminar los síntomas del trastorno de estrés postraumático (PTSD) en un grupo de pacientes previamente considerados resistentes a la terapia estandar. Los resultados se publicaron el 15 de marzo en la revista Brain Stimulation.
La Fase 1 del estudio consistió en aplicar Terapia de Exposición Prolongada (TEP) —componente estándar del tratamiento para PTSD— en un entorno seguro. Esta terapia consiste en que los pacientes confronten gradualmente pensamientos, recuerdos o situaciones asociados a su trauma. Esta terapia se combinó con breves pulsos que estimularon el nervio vago, administrados por medio de un dispositivo implantado en el cuello del paciente (VNS).
El nervio vago es el principal canal del sistema nervioso parasimpático, encargado de funciones involuntarias como el ritmo cardíaco, la digestión, el sistema inmunológico e incluso la regulación del estado de ánimo. Se extiende desde el tronco cerebral hasta el intestino grueso, y ya ha sido objeto de terapias de estimulación para tratar condiciones como epilepsia, depresión y artritis reumatoide.
Este tratamiento se aplicó a nueve pacientes a lo largo de 12 sesiones. Tras cumplir el tratamiento, se les evaluó cuatro veces a lo largo de seis meses. En ese lapso, todos los participantes se mantuvieron libres de síntomas de PTSD, una condición que, en la mayoría de los casos, es considerada crónica. En los tratamientos estandarizados, lo habitual es que algunos pacientes mejoren, pero que mantengan el diagnóstico de PTSD. En este ensayo clínico, el 100 % de los participantes dejó de cumplir con los criterios diagnósticos.
El nuevo enfoque propuesto por integra la TEP, que expone gradualmente al paciente a recuerdos traumáticos en un entorno seguro, permitiendo al cerebro reconfigurar sus respuestas emocionales, con la estimulación vagal, administrada en paralelo mediante un dispositivo implantado del tamaño de una moneda y totalmente inalámbrico.
Según los investigadores, la clave del éxito está en esta sinergia: mientras la TEP indica al cerebro qué asociaciones deben debilitarse (por ejemplo, el miedo vinculado a un recuerdo), la estimulación vagal proporciona el entorno químico necesario —liberando neuromoduladores como acetilcolina y norepinefrina— para que esa reconfiguración tenga lugar de forma más eficaz y duradera.
Este avance se sustenta en más de una década de investigaciones previas que ya habían demostrado que la estimulación vagal acelera la rehabilitación motora tras un accidente cerebrovascular. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de los Estados Unidos aprobó su uso en ese contexto en 2021. El dispositivo también representa una innovación tecnológica: al ser pequeño, económico e inalámbrico, su implementación podría facilitar una mayor accesibilidad al tratamiento en el futuro.
Actualmente, el equipo se encuentra desarrollando un estudio piloto de Fase 2 controlado con placebo. El objetivo es robustecer la evidencia clínica y allanar el camino hacia una aprobación regulatoria por parte de la FDA. El proyecto cuenta con financiamiento de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA), del Departamento de Defensa de Estados Unidos.
Más allá de las terapias farmacológicas y las nuevas estrategias, como el uso de psicodélicos, videojuegos o mindfulness, esta combinación de tecnología médica y terapia psicológica ofrece una esperanza real para quienes han perdido la fe en los tratamientos tradicionales. Lo que antes parecía un diagnóstico para toda la vida, hoy podría tener una salida.
Fuentes